Hola que tal el Lunes? Lo que es a mi fatal, el jefe está hoy de mala leche, de muy mala leche, y no he podido postear (se dice as?) por la mañana como era mi intención.
Antes que nada, agradeceros como siempre vuestros comentarios, y deciros a todos los que me comentáis que el piso esta muy bien, pero la suerte ha sido encontrar a Adrià. ¡PUES ES VERDAD! Tenéis toda la razón, pero claro, en el pack de Adrià, vienen cosas como el piso, y como lo que os cuento hoy, es decir su círculo de amistades, contactos, conocidos y demás.
No incluyo a la familia, puesto que de buen principio fui recibida de forma magnífica, tanto por su madre, como hermanos e incluso por el pequeño Martí su, bueno nuestro, sobrino; así que un día hablaremos de la familia, pero hoy os quiero hablar un poco de las amistades y conocidos de Adrià.
Llevábamos casi 3 meses saliendo, cuando un amigo de él celebraba una fiesta de cumpleaños. No es que fuera una de esas fiestas de alta sociedad ni nada de eso, pero era una persona que cumplía 50 “tacos” y quería celebrarlo un poco más fuera de lo normal, por aquello del cambio de década y eso. Evidentemente estaba nerviosísima, tenía la idea de que me iba a encontrar con un montón de gente tipo Adrià (elegantes, sofisticados, etc..) y temía encontrarme fuera de lugar, un poco el “patito feo” vaya. Además no ayudaba para nada, el saber que en la fiesta habría bastantes chicas, entre las que se encontraban por lo menos 3 exrelaciones de Adrià, y no menos de 4 que pretendían echarle el “lazo”, al soltero de oro del grupo.
No era el único, pero los demás hombres “disponibles” eran separados o divorciados, y Adrià era una perita en dulce para algunas de las “desaparejadas”.
Ya os podeís imaginar el tema, música, canapes, mucha gente, elegantes ellos, divinas de la muerte (TODAS) ellas, un piso grande, etc..; fui bastante bien recibida por casi todos, sobre todo por Manel, el homenajeado cincuentón, que no paró de piropearme y adularme, diciendo que tendría que ser extraordinaria para que Adrià se decidiera a abandonar su soltería (porque a todo esto Adrià acostumbraba a presentarme como “mi futura esposa, si es que consigo hacer los méritos suficientes”), es decir que me pasé casi toda la fiesta roja como un tomate, aunque no siempre por la vergüenza.
Digo no siempre, porque a parte del apuro que me hacía pasar Adrià con sus exageraciones, también pasé por algún mal trago, como cuando una de las “ex” me comentó directamente a la cara ante varias personas que “ya me dirás como se lo haces a Adrià, porque él ha estado con muchas mujeres y ninguna HEMOS conseguido que nos pida matrimonio, chica debes utilizar técnicas orientales o algo así, ya nos dirás donde las aprendiste”.
Remarcó el “hemos” de forma muy notable y tuve que tragármelo porque evidentemente no quería hacer una escena; afortunadamente, Lluís, un primo de Adrià que también estaba, terció diciendo: “ Laly (así se llamab la pécora), es que Adrià, aunque pruebe mucho, siempre se queda con lo auténtico, ya sabes, a un anticuario profesional como él es difícil colarle falsificaciones” y sin esperar respuesta me tomó del brazo y dejamos que las hienas me siguieran despellejando a su gusto.
La verdad es que no me lo pasé del todo mal, la gran mayoría solían dedicarnos a los dos, comentarios agradables al uno sobre el otro. Lo que más solían decirme es que lo cuidara, puesto que lo querían mucho, y que es muy buen tío, etc..Pero también os confesaré que la cuarta vez que me pisaban el pie “sin querer”, estuve a punto de soltarle un guantazo a la autora, porque se puede pisar a alguien por accidente, pero procurando clavarte el tacón, pues me parece sospechoso la verdad. Temí que el vestido acabar perdido por algún accidente, pero quizá se hubiera notado demasiado y no fue así; bueno digamos que las 3 “manchitas” fueron exclusivamente culpa mía. Además, se me ve bastante bien con tacones, así que no podían decir eso de “hay perdona no te había visto”.
Harina de otro costal es el CÍRCULO íntimo de Adrià, compuesto por al menos 14 personas. He puesto la palabra en mayúsculas porque ellos mismos se autodenominan así. Son los que suelen venir bastante a casa, o vamos nosotros, y por lo menos una vez al mes, nos reunimos todos en casa de alguno de ellos para cenar. Son gente que tienen una cosa en común con Adrià, todos, sin excepción proceden de familias digamos “normales”. Quizá alguno se escape un poco de eso de “normal”, pero digamos que todos provienen de familias trabajadoras, o sea, que nadie ha heredado nada, y lógicamente es la gente con la que Adrià se encuentra cómodo. Afortunadamente una de esas personas era amiga común, coincidimos en su boda, y ya veis como hemos terminado :D
El próximo día os hablaré de este “CIRCULO”.
Besos para todos. Perdonad si tardo en visitaros, pero lo iré haciendo a ratitos.
Gloria.
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Hola a todos de nuevo. Primero me gustaría volver a agradeceros los comentarios tan amables que me dedicáis, ah y también agradeceros a todos, los comentarios que me transmitió Adrià de vuestra parte cuando ocurrió lo de mi padre. Me hicieron mucho bien, gracias.
Al fallecer él, mi relación con Adrià pasó un poco a segundo plano, ya que me trasladé a vivir con mi madre durante unos meses hasta estar segura de que poco a poco lo iba superando. Adrià no sólo lo aceptó, sino que me ayudó muchísimo, así que una vez las aguas volvían a su cauce, tomamos la decisión este año de vivir juntos.
Yo ya conocía el piso, puesto que ya había pasado algunos días (y noches ;) ), pero claro, trasladarse a vivir a casa de un hombre que lleva muchos años viviendo sólo en ella, pues la verdad es que me daba un poco de miedo. De hecho no era sólo el ir a vivir a SU casa, era todo lo que concernía a la vida que iba a llevar con él.
Yo soy una chica normalita, la verdad, no soy extraordinariamente guapa (según Adrià soy “más bella que las auroras boreales”; pero exagera muchísimo), aunque sí soy bastante alta y con mi 1,77 a la que me pongo tacones paso fácilmente del 1,80. Vivo en un barrio normal de Barcelona, y tengo un trabajo también normal, de 8 a 5, y como quiero seguir viviendo en Barcelona, la mayor parte de mi sueldo (que no es ninguna maravilla) se va en pagar el alquiler de un piso de un poco más de 50 m2.
Después del día de la boda, salimos 3 veces más, y a la cuarta vez, una cena romántica realmente maravillosa en un pequeño restaurante que Adrià conocía, pues fue la vez donde se saldó la cuestión que quedó pendiente la primera vez que nos conocimos, es decir, Adrià me invitó a su casa. Evidentemente no vi mucho al llegar, apenas me di cuenta de que era un edificio en una muy buena zona de Barcelona, con una entrada preciosa, y un rellano de escalera de esos que impresionan, con paredes forradas de madera, suelo de mármol, plantas, sillones de piel, lámparas doradas, etc.
El piso es de puerta única, es decir, que no vive nadie en el mismo rellano; entramos, el recibidor era precioso, pero bueno, la verdad es que lo que recuerdo más de la noche, no es precisamente el piso, ya me entendéis je jeje; así que no fue hasta por la mañana que empecé a tomar conciencia de cómo era todo aquello. Y que cómo era? Bueno, para empezar, al levantarme para ir al baño, noté una agradable, muy agradable sensación de suavidad bajo mis pies descalzos. Las alfombras de la habitación eran de seda, importadas de la India. Yo siempre había creído que este tipo de alfombras persas, indias, etc, eran de lana, de muy buena calidad claro, pero de lana. Pues resulta que no, resulta que las mejores son de seda. La verdad, nunca lo hubiera dicho, pero me quedé un momento sentada al borde de la cama, acariciando la alfombra con mis pies, os confesaré que era un placer realmente sensual, aunque necesidades más apremiantes me hicieron levantar de una vez e ir al magnífico baño de la habitación, deslumbrante, brillante, con mármoles color crema, blancos, y negros, en plan neoclásico, como no podía ser de otra manera en Adrià claro.
Después del desayuno, fui invitada a conocer el piso, y es ahora cuando entenderéis el porqué de mi casi vértigo para entrar a vivir ahí. Para empezar, mi anterior piso entero cabe en el salón, y aún sobra sitio!, ya que tiene mas de 60 m2,
Pero es que la terraza mide casi 180 m2! y da toda la vuelta al piso. Hay seis habitaciones, 4 cuartos de baño y un aseo.
Con este panorama ya me diréis, cuando Adrià planteaba de irnos a vivir juntos, veía mi casa metida dentro de su salón, y claro, me entraba un complejo de dar un “braguetazo” en versión femenina que ya os podéis figurar. A parte está el contenido, claro, las ya citadas alfombras, suelos de mármol en los baños, parquet, la imponente terraza, los muebles, cuadros, y adornos, todo carísimo y muchas cosas antiguas claro está. Adrià vive todo esto con absoluta naturalidad, encima él no se considera rico, aunque sí afortunado. De hecho contempló la posibilidad de vender el piso y comprar otro que fuera NUESTRO. Pero después de pensarlo mucho, decidí no permitírselo. El piso es realmente precioso y un auténtico lujazo en cuanto a posición, y encima es un ático, así que ya puestos, mejor ahorrar en gastos, y le pedí simplemente que me hiciera un “huequecito”. Adrià aceptó, con la condición de que uno de los baños sería reformado completamente a mi gusto, y así lo hemos hecho, y he pasado del pequeño aseo con “poliban” de mi anterior casa, a un cuarto de baño con bañera grande y jacuzzi y ducha acristalada a parte, que además es de mi uso exclusivo.
Los primeros días, casi tenía que ir con un mapa por la casa, no ya tanto por la distribución, sino para saber donde estaba cada cosa; porque claro, cunado Adrià se marche a una de sus subastas o ferias, una servidora se quedará a cargo (o al “mando” como dice Adrià) de todo. Resumiendo, que todavía pienso que hay quien me mira un poco como diciendo “mira esta la suerte que ha tenido”. La verdad es que sí,he tenido mucha suerte, pero procuro mantener los pies en el suelo, aunque ahora tenga en mi armario vestidos de Givenchy y Balmain y hoy en el trabajo, haya tenido que traer mis zapatos Blahnick para enseñarlos a mis compañeras, aunque eso sí, NADA de probarselos eh?.
Ahora en serio, ya os seguiré dando algún detalle más del piso, pero en el próximo, os hablaré de las nuevas amistades “adquiridas” con mi relación con Adrià. Muchos son encantadores, pero otros (sobretodo otras) no tanto.
Hoy el jefe me tiene un poco acorralada, así que a lo mejor tardo un poco en visitaros, pero no dudéis que lo haré.
Besos para todos.
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Buenas ¿qué tal? ¿dispuestos a seguir aburriéndoos leyendo las tonterías que una escribe?. Gracias por los ánimos que me dais, ya sé que Adrià es buen narrador, pero ostras, he leído aquí algunos post que me han impresionado por su calidad, tanto de lo que se escribe, como por la forma de hacerlo, ya estaba advertida de que aquí había nivel, pero desde luego he quedado muy sorprendida.
Bueno nada, paso a contaros lo de mi cambio de vida. Está claro que con Adrià las cosas fueron bien desde el principio, después de salir juntos de la boda, creo que estaba más coladita de lo que yo misma quería reconocer; desde luego era un hombre distinto, muy distinto a los que estaba acostumbrada. No era un santo claro, era evidente que quería ligar conmigo, pero sus trucos eran muy sutiles. Os pondré un ejemplo, se ofreció a llevarme a casa, y claro, acepté encantada, plenamente consciente de lo que iba a pasar (o eso creía yo), es decir, estaba segura de que pretendería cobrarse su trofeo llevándome a su casa. Si habéis leído los post anteriores, es evidente que yo estaba más que dispuesta, vamos que lo estaba deseando!. Pues lamento decepcionaros, pero montamos en su coche, un jaguar plateado (muy acorde con su estilo pensé), y realmente estaba llena de curiosidad por saber donde pondría el listón con los hombres, una vez me hubiera acostado con él. La verdad es que como suele pasar en las bodas, se suele beber demasiado, y yo lo había hecho, no iba borracha ni muchísimo menos, pero a Adrià no le iba a costar absolutamente nada llevarme a su casa.
Pero no, ME LLEVÓ A MI CASA, eso sí, pasando antes por una floristería abierta las 24 horas (cuanto sabes eh amigo?).Sí, lo que estáis leyendo, un hombre culto, elegante, en una palabra sofisticado, no se ENTERABA DE NADA. Me dejó en la puerta de mi casa, me besó en la boca (MENOS MAL) aunque muy suavemente, diciéndome algo que me dejó bien a las claras que quería volver a verme (la frase exacta no os la pienso poner eh, que eso pertenece al secreto de pareja). Nunca subía hombres a mi casa, pero a él le insinué eso de “¿quieres tomarte la última copa?” Me contestó que nunca querría hacer nada conmigo por última vez, sonrió, me acarició la cara, me volvió a besar y me dijo “Hasta mañana”. También me dijo que mirara en mi bolso a la mañana siguiente.
Una vez en casa, estaba convencida de que me había vacilado, de que simplemente se había divertido con una pardilla que hacia tiempo que no “mojaba”, se había dedicado a reírse de mí, con todo su savoirfaire ese, su colonia maravillosa, su palabrería culta , su forma de bailar (que bien lo hacia el muy canalla ), además estaba convencida de que no sería capaz de atraer a un tipo así. Así que me dormí llorando como una tonta, y maldiciendo a Adrià.
Al día siguiente, una vez duchada, despejada, y con un cabreo de no te menees, recordé lo del bolso, lo abrí y encontré una tarjetita (seguramente de la floristería) con un número de móvil, y una corta pero clara declaración de amor (también secreto de pareja ya sabeis). Hala otra vez a llorar como una imbécil. Me di cuenta de que había cambiado un polvo de una noche, por una más que probable relación con un hombre maravilloso. Cuando terminé de llorar le llamé, a la segunda señal de llamada descolgó y lo primero que oí fue “por favor dime que eres tú”.
“¿Siempre contestas así a todas?” le pregunté con mi voz nasal por los lloros. Me contestó que no, que estaba deseando que fuera yo. Decidí vacilarle yo un poco y empecé ha hacerme la “dura”, que si había perdido su oportunidad, que si no sabía lo que se había perdido, etc..pero nada sonaba convincente, sobre todo cuando mezclas risas de por medio, no sé como, pero Adrià me iba llevando a su terreno, acabé por decirle que si de verdad le interesaba, lo quería en la puerta de mi casa y no con una rosa, sino con un RAMO ENTERO. La verdad es que lo dije por que me había dado pie…y caí como una tonta, era precisamente lo que él quería, estaba deseando que le desafiara de alguna manera, y después de algunas “puyas” haciéndome, como ya he dicho, la “dura”…le dije lo de que se presentara en mi casa con el ramo. “Lo que tu digas” me dijo y COLGÓ. Me quedé sin saber reaccionar, ¿se habrá cortado?, ¿me he quedado sin saldo?, ¿me habrá colgado el muy..” RIIINGG ¿pero quien coño llama ahora a casa.? Descolgué el interfono con un más que notable cabreo “QUEEE!!” bramé, “Aquí estoy “. Perdona, ¿Quién? ADRIA!. Pero que coño.., pero como…. Saqué la cabeza despeinada por la ventana y mi cara desmaquillada y ojerosa (suerte que vivo en el segundo) se encontró con un tipo en la puerta con una docena de rosas rojas. Me miraba y agitaba el móvil. Nos volvimos a comunicar y me dijo “Ves como estoy dispuesto a hacerte feliz, sólo tienes que decírmelo”. El muy canalla llevaba casi dos horas aparcado cerca de mi casa, con las flores, y esperando a que sonara el móvil.
Chicas sin pareja, ¿buscaos uno al que le gusten las películas antiguas! (tipo Cary Granta, etc).
Bueno, otra vez me ha salido un post largísimo, así que lo de la casa para el próximo, prometido.
Besos.
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Hola a todos de nuevo, primero quiero daros las gracias por el recibimiento tan cordial que me habeis brindado; ahora ya sé que os tengo que corresponder, así que a ratitos (no quiero que el jefe me pille) os voy a ir leyendo, o visitando como se dice por aquí.
En mi primer post os estaba contando un poco cómo conocí a Adrià, y quiero terminarlo, aunque no vayais a pensar que en los siguientes, va a ser siempre así. No tengo intención de hablar siempre de Adrià, aunque claro, no voy a tener más remedio por que la vida me ha cambiado mucho, muchísimo desde que lo conozco, y más ahora que vivimos juntos. Supongo que os hablaré más del mundo que me rodea, el cual explicado por Adrià es una cosa, pero visto desde fuera (aunque yo ahora esté dentro, bueno más o menos) es otra , como dice el tópico : ni mejor, ni peor, simplemente diferente.
Bueno al grano. Nos quedamos en que después del saludo de Adrià me tragué el dátil de golpe y dije algo así como “encantada”. O sea que quedé realmente como una tonta. La cosa no pasó de ahí en principio, pero me daba rabia que el chico de la barba creyera que me había impresionado con su saludo, no nene no! Es que me he atragantado. Así que decidí darle un poco de lado. El siguió a lo suyo, hablando con un grupo de gente que parecía conocer, e indudablemente era la estrella, él hablaba, pausadamente, moviendo las manos de forma ligera y suave, los que lo escuchaban parecían encantados, alguna de las chicas que estaban con él reían exageradamente alguna de las gracias, y procuraban tocarle el brazo “como eres Adrià!!”, “que bueno Adrià!!”, “no me lo puedo creer Adrià”, jolín le van a gastar el nombre.
Bueno por fin llegaron los novios, nos sentamos y empezó la comida. Creí que me lo habrían sentado al lado, pero no fue así, me lo pusieron prácticamente delante, es decir, que no habría roces casuales de brazo ni nada de eso, pero me pasé todo el convite cara a cara con él. La comida era divertida, pero uno de los conocidos de Adrià, un tal Ricardo se dedicó a meterse con él todo lo que pudo. Parece ser que la cosa se arrastraba desde muchos años atrás. Las puyas de ese tal Ricardo iban cargadas de envidia, más que de pretendida ironía. Hubo un momento que creí que la cosa se iba a agriar, cuando Ricardo contó la primera vez que vio a Adrià, en el instituto:
“Ahora va muy elegante, pero el primer día de en el instituto vino con tejanos, una camiseta amarilla con un timón en el pecho y calzaba unas bambas de la prestigiosa marca ADADIS, y además venía con un boli BIC de plástico y una libreta de tamaño cuartilla, ni siquiera llevaba el multifin tamaño folio que llevábamos todos, no te acuerdas Adrià, ja ja y míralo ahora, pareces un marqués”
Si conocéis la frase “matar con la mirada” el ejemplo máximo es la que Adrià le lanzó a Ricardo, no fue una mirada cualquiera, Adrià le clavó los ojos y creo que Ricardo conocía esa mirada porque se calló en seco, y trató de desviar el tema dirigiéndose a mí para preguntarme de qué conocía a los novios etc. No tuvo tiempo porque Adrià lo cortó en seco: “Sí que me acuerdo Ricardo, yo llevaba ropa de imitación y vosotros de marca, pero ya ves, no está mal donde he llegado, para un chico que llegó al instituto gracias a una beca. Por cierto, nada de marqués, mejor conde, ya sabes ,Conde de Montecristo”
Aquí Ricardo se puso bastante tenso, resulta que hay algo en su pasado común que tiene que ver con una venganza de tipo Conde de Montecristo, y supongo que todos imaginamos quien hacia el papel Edmundo Dantés verdad. Además, Adrià ha comentado más de una vez que este personaje es uno de sus héroes de ficción.
Afortunadamente, sonó el móvil de Adrià, y aunque Ricardo trató de seguir atacándolo por ser un modelo antiguo, él empezó ha hablar en inglés, y se despidió de una forma muy rara. Lógicamente cuando colgó, tuvo que aclarar que era una despedida en el idioma del que le llamaba, que era indio (de la la India eh?). Enseguida la conversación derivó sobre el mundo de Adrià, su profesión, etc..y poco más pudo añadir Ricardo. Llegó claro el pastel, los cafés, los licores y el baile. Yo empezaba a darme cuenta, de que llevaba todo el día, por una cosa o por otra con el tipo de la barba metido en mi cabeza, le miraba, me miraba, nos sonreíamos.
Cunado los novios abrieron el baile con el consabido vals, me giré para ver si Adrià se animaba a sacarme a bailar, pero se encontraba rodeado de tres chicas que prácticamente se le habían puesto delante para que no tuviera más remedio que sacarlas. Adrià sacó a una de ellas y yo no tuve más remedio que bailar con Ricardo!!!, al segundo pisotón ya estaba harta y crucé la mirada con Adrià y la zorra que bailaba con él. Digo zorra porque bailaba el vals pegada a Adrià procurando que este viera el escote de vértigo que llevaba y restregandose como una babosa. Al cabo de un momento, la novia y el novio empezaron a bailar con los demás, padres, etc. Los novios se confabularon, y tras emparejarme yo con Paco y Adrià con Lidia, nos juntaron, Paco me dijo al oido “todo tuyo”.
Solamente os diré que seguimos bailando desde entonces. Vale, la última frase me ha quedado muy cursi, pero, estamos en San Valentín no?
En el próximo post os hablaré de lo que representa mi traslado al piso de Adrià; como adelanto sólo os digo que mi piso era de unos 50 m2, más o menos la mitad de su salón-comedor.
Besos.
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Hola a todos. Por fin me decido a abrir este espacio, aunque la verdad, no sé exactamente que es lo que os puedo contar para que os resulte minimamente interesante. Quizá será mejor que me presente un poco.
Me llamo Gloria, tengo 33 años, morena, mido 1,77 descalza y creo que estoy un poco pasadita de peso, aunque hay quien dice que estoy mejor así que no más delgada. Trabajo en el departamento contable de una entidad financiera, y mi estado civil es divorciada, aunque vivo en pareja desde principio de año.
Supongo que muchos de vosotros pasareis por este espacio debido a que “alguien” os habrá dicho que voy a abrir un blog. Bueno ya debéis saber que ese “alguien” no es otro que Adrià, responsable del título del blog, y de que me encuentre aquí dando la brasa.
He estado muchos días pensando y dudando en abrir o no el blog, entre otras cosas porque Adrià anuncia alegremente que voy ha hacerlo, y supongo que viendo los suyos, os sentireis un poco defraudados por lo que vais a leer aquí.
La verdad es que soy una chica bastante normal, con una vida hasta cierto punto normal. Me casé con 22 años, joven y muy enamorada, con ese amor que duele tantísimo cuando es traicionado. Con 27 era ya una divorciada amargada por la puñalada del hombre al que creía fiel. Eso hizo que me volviera una desconfiada total en lo que a hombres se refiere. Sobre todo porque al divorciarme parecía que me hubieran puesto un letrero en la espalda que dijera “Divoricada disponible y necesitada, a por ella”, porque tuve muchas ofertas masculinas para consolarme, pero yo necesitaba un hombro sobre el que llorar, y no creáis que no me lo ofrecían, pero con la esperanza de que después del hombro, estuviera en la cama, y alguno de los “amigos” era casado.
Así las cosas, mi opinión sobre los hombres no podía ser otra que la famosa frase “Todos los hombres son unos cerdos y merecen la muerte”. Después del divorcio tuve alguna relación esporádica, de esas de “nada serio” o amigos con derecho a roce, pero nada más. Mi verdadero consuelo fue Lidia, una amiga, vecina de toda la vida, de esas con las que empiezas jugando con las Barbies, para seguir leyendo luego juntas el SuperPop y babeando por el cantante de A-HA (Ay Morten que guapo eras). Ella y Paco, su novio, se volcaron conmigo e insistían en que saliera con ellos. Lo hice sólo alguna vez para no abusar, aunque lo que sí hacía a menudo era quedar alguna tarde con Lidia para tomar un café y explicarle mis problemas. Como aguantó la pobre.
Un buen día, Lidia y Paco se casaron, era un domingo de Marzo, el mes que viene hará 2 años ya. Yo estaba super contenta y me alegraba mucho por ella, de verdad, pero no podía dejar de pensar en mi fracaso, y eso que Paco es majísimo, pero no sé me sentía un poco descolocada y me daba miedo que a mi mejor amiga le pasara lo mismo.
La madre de Lidia, que me conoce desde pequeña, nos decía a mí y a mi madre, que su hija tenía un amigo “guapo, formal, bien colocado y soltero” y siempre le decía que me lo reservara. Lidia me había comentado en efecto, que un amigo suyo se dedicaba a las antigüedades, que vivía en la parte alta de Barcelona , en un pisazo “de tres pares de narices”, y que era muy majo, educadísimo y que estaba soltero, y bla, bla bla.; yo siempre le decía que no hacía falta que me presentara a nadie, que no me interesaba una relación con nadie (estaba en horas bajas), y menos con un pijo de la zona alta.
Lidia y Paco se casaron y mientras se hacían las consabidas fotos de rigor, los invitados empezamos con el pica-pica en el jardín del restaurante. Allí la madre de Lidia, ni corta ni perezosa me agarró de la muñeca y tirando de mí me decía “Ven que te voy a presentar a alguien”, quise resistirme un poco, pero no hubo manera, así que sin haber acabado de masticar el dátil con beicon, con el palillo en la mano y medio tropezando (dichosas sandalias de tacón), me acercó a un grupo de gente, casi todo chicas por cierto, y tocó el hombro de un chico alto, no en exceso no creáis, y le dijo “Adrià te presento a Gloria, estáis en la misma mesa”, lo decía con una sonrisa picarona, el “chico” en cuestión se giró y apareció una cara con una barba cuidada y muy bien recortadita, con una media sonrisa, me acerqué para darle el beso en la mejilla de rigor, alargando un poco la mano, ya que no estaba segura si es de los que besan o estrechan la mano, pero el tomó la mano y con una ligera inclinación se la llevó a los labios y me la besó. Me quedé un poco descolocada, creo que murmuré “encantada”, y me tragué el dátil de golpe. Desde luego no fue un flechazo, e incluso pensé que quería ir de original con lo del beso en la mano, es más, estaba segura de que no me lo podría sacar de encima en toda la comida, aunque una cosa sí debo deciros, OLIA DE MARAVILLA, con un perfume masculino que no conocía; pero bueno, como se esta alargando un poco, os lo cuento en el próximo.
Besos. Gloria